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Aceptar la baja visión

La Baja Visión es la disminución de la capacidad visual de una persona, debido a una limitación visual que dificulta la realización de algunas tareas en su vida cotidiana, ya sea por una pérdida de agudeza visual, de campo visual o por deslumbramiento.

Se trata de una pérdida visual que no tiene solución médica ni quirúrgica, ni mejora mediante medios ópticos convencionales.

Las patologías más frecuentes que pueden causar baja visión son la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), la miopía magna, la retinopatía diabética, las cataratas, el glaucoma o la retinosis pigmentaria.

La baja visión provoca en el paciente un reajuste en su nueva situación visual, que puede influir tanto en la misma persona como en sus familiares o personas cercanas.

 

 

Un buen soporte familiar facilita la adaptación a esta nueva condición y favorece el proceso de rehabilitación visual. La persona debe aprender a manejarse en su nueva realidad visual y ser capaz de aprovechar al máximo su resto de visión, mediante el uso de nuevas estrategias y ayudas visuales que le permitan conseguir sus objetivos.

Para iniciar una recuperación visual y por consiguiente, una mejora en la calidad de vida, es necesario empezar por superar una primera fase de aceptación de la baja visión, es decir, un reconocimiento de las limitaciones que provoca la patología ocular.Durante el proceso de rehabilitación visual se debe crear un ambiente positivo que permita a la persona expresar sus inquietudes, sus dudas, sus miedos, y que a su vez le permita recibir una información explicada de manera entendible y que responda a

sus demandas. Así mismo, mediante unos objetivos claros y definidos previamente acordados, se conseguirá alcanzar el éxito durante el proceso de rehabilitación visual evitando que se puedan crear falsas expectativas de los objetivos a conseguir.

En centros ópticos especializados en baja visión mediante un estudio individual y personalizado, se evalúan las posibilidades de mejora del rendimiento visual.

Para ello se realiza un examen visual previo para conocer el grado de visión que tiene el paciente, que permita al especialista definir las ayudas visuales más adecuadas en cada caso. Existen multitud de ayudas visuales, ayudas ópticas como lupas, microscopios, telescopios, filtros de absorción selectiva (filtros Corning), etc.; ayudas no ópticas como sistemas de iluminación, atriles, tiposcopios, agendas macrotipo, etc.; o ayudas electrónicas como son las lupas electrónicas portátiles o de sobremesa (desarrollaremos este tema en próximos posts).

Para saber si un paciente puede beneficiarse de este tipo de ayudas es recomendable que acuda a un centro de baja visión, con especialistas que puedan darle el mejor consejo en este tipo de problemática.

Fuente: www.astiri.as

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